La reseña del día de hoy no es sobre una
novela o alguna obra de ficción, sino de una poética del Siglo de Oro español
que imagino que sólo a los interesados en el tema les interesara conocer. El Exemplar poético de
Juan de la Cueva
(1543-1612) es una obra que habla sobre los lineamientos que se deben seguir para componer
lírica y teatro, existen otros textos que ya reseñé antes que hablan
de lo mismo: Philosophia antigua poética del Pinciano (reseña) y
las Tablas poéticas de Cascales (reseña).
La edición del Exemplar
poético que leí es de
José María Reyes Cano, quien en el estudio preliminar del libro
expone el trabajo
ecdótico que realizó para justificar la elección de la versión que
eligió para fijar el texto, la cual es una fechada en 1609, aunque cabe
mencionar que encuentra una que está firmada por el autor en 1605. La razón
para reproducir el manuscrito de 1609 se debe a que al ser la última y estar
también firmada por Juan de la Cueva, se considera la definitiva en ese proceso
de escritura que supone crear y corregir. Ahora bien, ya seleccionado el texto,
Reyes Cano hace una revisión de las ediciones anteriores y después expone sus
consideraciones para editarlo, las cuales fueron conservar las grafías –de ahí
que se lea “exemplar” y no “ejemplar”–, aunque unificándolas, y que la
puntuación y acentuación se ajustaran a las normas académicas vigentes, excepto
en esos casos en los que se pueda afectar el verso, además anota las variantes
que hay.
¿Qué tal sus primeras lecturas del año?
¿Ya descubrieron alguna que se vaya a encontrar dentro de sus favoritas de
2019?
En esta ocasión les traigo una reseña
breve de un libro escrito en 1535 por el humanista español Juan de Valdés, pero que fue
publicado en 1736. El Diálogo de la
lengua es una obra que, tal como lo indica el título, consiste
en un diálogo que versa sobre el español. El autor, Juan de Valdés, es uno de
los participantes de este diálogo, los otros son un conjunto de individuos que
quieren que él les despeje sus dudas sobre algunos temas relacionados con la
lengua. Juan de Valdés al principio no quiere participar, pero termina
accediendo y lo único que les solicita a sus interlocutores es que pongan en
orden la serie de preguntas que les quieren hacer, también les recuerda que él
es un simple mortal y, haciendo uso de la falsa modestia, que no esperen mucho
de él; como se verá a lo largo de la conversación, Juan de Valdés obviamente
sabe de lo que habla.
Sí, tengo que decirlo, esta es otra
reseña de uno de esos libros que seguro no es del interés de todo el mundo,
pero como establecí en su momento, aquí iba a publicar reseñas de todas mis
lecturas, así que ¡empecemos!
Los
géneros dramáticos en las poéticas del Siglo de Oro
de Margarete Newels consta de diez capítulos, los primeros dos conforman la
introducción y los restantes el estudio de los géneros dramáticos en las
poéticas áureas. En la introducción la autora hace un estado de la cuestión
bastante completo en el que pone en contexto al lector sobre el tema y comenta qué
tanto se ha trabajado, por otra parte, hace un breve repaso por las preceptivas
españolas de la época, como las de Carvallo, Pinciano o Cascales, por ejemplo, y
proporciona datos relativos a cada una de ellas. Newels agrega que el que estas
poéticas no fueran valoradas en su justa medida, podría ser a que muchas son
libros raros o a los que casi no se tenía acceso, por lo que la crítica sólo
repetía lo que ya habían dicho los otros sin acercarse a las fuentes. La autora
también hace hincapié en lo que significó la influencia italiana y la lectura
de los clásicos en los autores españoles, específicamente recalca que mientras
que Horacio ya era conocido en España, cuando se traduce a Aristóteles,
revolucionó el pensamiento de los preceptistas.
¿Pueden creer que ya estamos a nada de
acabar el año? Yo estoy que no me lo creo, aunque ya inicia octubre, mi mes
favorito cofcof mi cumpleaños es el 18 cofcof.
¡Comencemos!
Hoy nuevamente les traigo la reseña de
una obra que no es para todos los lectores, sino más bien para aquellos
interesados en el tema o que sientan curiosidad por conocer más sobre los
géneros poéticos. La Philosophiaantigua
poética de Alonso López,
conocido como el Pinciano, es una preceptiva
española del Siglo de Oro que desmenuza a Aristóteles y a Horacio a lo largo de
sus páginas. Esta obra está conformada por epístolas distribuidas en tres volúmenes,
primero aparece una carta del Pinciano a su amigo don Gabriel, en la que le
cuenta las charlas que tiene con otros dos personajes sobre asuntos de interés
poético, posteriormente aparece la respuesta de don Gabriel en la que él hace
una recapitulación de lo que se habló en la carta del Pinciano, resaltando los puntos
clave y agregando algunos comentarios, con lo cual finaliza exhortando a su
amigo a que siga escribiéndole todas esas conversaciones que tiene, pues son de
mucho interés y gozo para él.
En esta ocasión les traigo la reseña de
un libro que no es para todo el público, sino más bien para el lector
interesado en el tema. Las Tablas poéticas (1617) de Francisco Cascales
son una poética del Siglo de Oro que habla sobre algunas cuestiones de la
poesía y el teatro. De acuerdo con el
autor, esta obra está hecha para iluminar el camino de los poetas, el título
alude a que aquellos que quieran escribir se acerquen a estas “tablas de
salvación” para que salgan indemnes de la tormenta que los puede llevar al
desastre a la hora de componer algo. Esta preceptiva consiste en un dialogo
entre dos interlocutores, Pierio y Castalio –este último es el mismo Cascales–,
la conversación entre ellos surge a partir de que el primero acaba de leer la
Epístola a los Pisones –otra poética– de Horacio y tiene algunas dudas sobre su
contenido, las cuales espera que Castalio le esclarezca. A pesar de que
Castalio no se cree capaz de responder acertadamente –recurriendo al tópico de
la falsa modestia–, él responderá todas las demandas de su amigo y, de manera
conveniente, trae consigo unas reglas que le serán de muchas ayuda a los poetas
de ese tiempo. Ambos se sientan a hablar a las espaldas de un convento y, una
vez acordado el orden que se seguirá con la exposición de los temas a abordar,
comienzan a deshilvanarse a lo largo de las páginas una serie de comentarios y
consejos que pretenden meter en cintura el quehacer de los poetas. Castalio
constantemente cita a Aristóteles y a Horacio, de hecho, como un favor para los
pobres mortales que no saben latín, él proporciona la traducción al español del
texto de Horacio –aunque hasta allí llega su benevolencia para con nosotros,
pues todo lo que no sea Horacio se queda en latín. De acuerdo con el editor,
Benito Blancaforte, Cascales se apoya en Aristóteles para darle un sustento
intelectual y de autoridad a Horacio, quien, recordemos, no estaba haciendo una
poética propiamente dicha, pese a que se le conozca como tal, de hecho, no es
seguro de que siquiera haya leído a Aristóteles.
¡Hola, mis queridos lectores! En esta
ocasión les traigo la reseña de un libro al que espero se animen a darle una
oportunidad, si es que no lo han hecho ^^
«Procurad
también que leyendo vuestra historia
el
melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente,
el
simple no se enfade, el discreto se admire de la invención,
el
grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla.»
Palabras dichas al autor por un
amigo suyo en el prólogo de El Quijote.
Imagino que ya saben quién es don
Quijote, porque independientemente de si han leído el libro o no, se trata de
un personaje que está presente en el bagaje cultural y popular de todos, junto
con Sancho Panza, Dulcinea del Toboso y Rocinante. Tampoco es ajeno a nadie el
nombre del Quijote, como suele abreviarse
el título de la obra y en el que se conjuntan ambas partes, dato que muchas
veces pocos conocen, y es que Cervantes publicó una primera y segunda parte con
diez años de diferencia entre cada una. El
Quijote es un clásico de clásicos, así nos lo han vendido, como la obra
maestra de la literatura española y de la novela moderna, y sí, lo es, no se
puede ignorar la genialidad de Cervantes, pero esa fama y la insistencia en el
colegio de que lo debes leer a la fuerza, más la reverencia y solemnidad que le
inculcan a los lectores a la hora de leerlo y la sacralización que se hace del
libro por lo que significa para las letras… estos comentarios o bien imponen o
repelen.
Nuevamente
les traigo un Wrap Up, en esta
ocasión les hablaré de unos clásicos de la literatura española que leí en los pasados
meses para la escuela, como estoy muy atrasada con las reseñas, decidí englobar
estos para aligerar la carga de pendientes, aunque sea un poco. ¡Comencemos!
¡Hola a todos! ¿Qué tal va su semana?
Hoy les voy a hablar de un soneto de Quevedo, espero les guste ^^
Francisco de Quevedo
(1580-1645) fue un hombre culto, docto en teología, conocedor
de varias lenguas y un crítico agudo, uno de los más importantes escritores del
Siglo de Oro español. Su obra literaria es inmensa y variada: escribió composiciones satíricas y burlescas
(donde critica mordazmente los vicios y las debilidades de la humanidad), también cultivó textos morales y políticos de gran
profundidad intelectual, así como una prolífera poesía
amorosa.
En sus poemas amorosos
se encuentra presente la tradición petrarquista,
especialmente en los sonetos. Quevedo explora sus emociones y nos da su visión
del amor, para él éste le da sentido a la vida y al mundo, por eso es capaz de
vencer a la muerte, es decir, sin importar que el cuerpo deje de existir, el
sentimiento permanece en el alma, presentando de tal manera la victoria del
amante y la sublimidad del amor.
A continuación les
pongo el soneto “Si hija de mi amor mi muerte fuese”:
¡Hola mis queridos
lectores! ¿Cómo están? Acá hace un calor tremendo.
Bienvenidos a otro Jueves de poesía,
siento mucho que la semana pasada no subí nada (yo sé que extrañaron su dosis
de poesía), fueron días muy pesados, me sentía como Harry y compañía en época
de TIMOS u.u Pero ya estoy de vuelta y retomaré el ritmo habitual del blog :D
¿Qué es un soneto? ¿Alguna vez se lo han
preguntado? Cuando se trata de poesía hablamos de poemas, pero estos tienen
características diferentes que los hacen distintos unos de otros, por lo que
tenemos liras, redondillas, décimas… El día de hoy les hablaré exclusivamente
de los sonetos, pero de una manera entretenida, ya que será un invitado
especial el que les cuente cómo se hace un soneto, démosle la palabra a… *redoble de tambores* ¡Lope de Vega! *aplausos*.
Un soneto me manda
hacer Violante
que en mi vida me he
visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen
que es soneto;
burla burlando van
los tres delante.
Yo pensé que no hallara
consonante,
y estoy a la mitad de
otro cuarteto;
mas si me veo en el
primer terceto,
no hay cosa en los
cuartetos que me espante.
Por el primer terceto
voy entrando,
y parece que entré
con pie derecho,
pues fin con este
verso le voy dando.
Ya estoy en el
segundo, y aún sospecho
que voy los trece
versos acabando;
contad si son
catorce, y está hecho.
¿Cómo ven? Lope de Vega inicia
expresando que es algo muy complicado hacer un soneto, cuando en realidad lo
hace ver muy fácil y casi sin que se dé cuenta ya lo terminó. Estamos hablando
de un hombre que componía a diestra y siniestra, un soneto es un juego para él,
aquí ese “aprieto” y petición inicial es un pretexto para demostrar su maestría
haciendo versos. A continuación les dejo una escena de la película Lope (2010) en la que el personaje
improvisa este soneto y deja sorprendido a su público, además de que pone en
evidencia a otros poetas:
Esta película me gusta, pero no me
gusta, considero que no hacen un retrato tan fiel de Lope de Vega, de todas
formas esta escena vale la pena.
Ahora bien, ¿ya sabemos
que es un soneto? ¿Sí? Bueno, tenemos que un soneto tiene dos cuartetos y dos
tercetos, los cuales conforman 14 versos endecasílabos con una rima consonante,
esto quiere decir que cada verso tiene once sílabas y que en la última coinciden
las mismas consonantes; la rima es la siguiente: ABBA ABBA CDC CDC (se utilizan
mayúsculas porque se trata de verso de arte mayor, si fuera de ocho sílabas o
menos iría en minúsculas), la rima de los tercetos es la de este soneto en
específico, ya que puede variar. Los sonetos desarrollan un tema y en el último
terceto se da una conclusión, en este caso el que se logró hacer un soneto de
la nada, un soneto de un soneto, un metasoneto.
La verdad es que a mí
me costó un poquito de trabajo recordar los tipos de poemas y sus metros y
rimas, pero ya después uno va agarrando práctica y sin necesidad de que
especifiquen si es un romance o un soneto, uno ya lo sabe (jeje aunque después se olvida uno que otro). Espero les haya gustado la publicación de hoy, si
quieren que haga una entrada explicando otros tipos de composiciones poéticas,
díganmelo en los comentarios. Ah, lo olvidaba, hacer click AQUÍ si quieren
escuchar otro soneto de Lope que aparece en la película, trata sobre el amor.
Por cierto, he estado
introduciendo algunos cambios en el diseño del blog, me está gustando cómo
luce, ¿ustedes qué opinan?
Mis queridos lectores, ¿cómo están?
Espero estén teniendo una excelente semana, yo ya me estoy poniendo al
corriente con las reseñas pendientes, como se podrán dar cuenta. Hoy les traigo
la reseña de un libro que me leí, en parte, mientras iba de viaje en la
carretera y que luego concluí algunos días después. ¿Les parece si comenzamos?
Dámaso Alonso
(1898-1990) fue un poeta español perteneciente a la Generación del 27, además
de filólogo y editor. En 1927 ganó el Premio Nacional de Literatura y en 1978
el Premio Miguel de Cervantes, fue miembro de la Real Academia de la Historia y
director de la Real Academia Española y de la Revista de Filología Española.
Sean bienvenidos a otro
Jueves de poesía, en esta tercera edición les traigo algo de otro mundo… ¿se
animan a seguir leyendo?
Era del año la estación florida en que el mentido robador de Europa (media luna las armas de su frente, y el Sol todos los rayos de su pelo), luciente honor del cielo, en campos de zafiro pace estrellas, cuando el que ministrar podía la copa a Júpiter mejor que el garzón de Ida, náufrago y desdeñado, sobre ausente, lagrimosas de amor dulces querellas da al mar, que condolido, fue a las ondas, fue al viento el mísero gemido, segundo de Arïón dulce instrumento. (vv. 1-14)
No hay nada como ese momento en el que
lees o escuchas las Soledades por
primera vez y no entiendes nada, es un instante único e irrepetible (bueno,
quizá no sea tan cierto, pasan varias releídas para que entiendas algo). Los
versos que les traigo en esta ocasión son con los que inicia la primera Soledad, la cual presenta a un peregrino
aquejado por los desdenes de su amada que naufraga en un lugar apartado donde
podrá dejar atrás su mal de amores; en este sitio alejado de la vida urbana,
asistirá a los placeres de la naturaleza y a la rutina de la gente rústica. El
poema muestra el tópico de “desprecio de la corte, alabanza de la aldea”.
Góngora tenía planeado escribir cuatro soledades, pero sólo escribió dos, de
las cuales la segunda está incompleta.