Sean bienvenidos a otro
Jueves de poesía, en esta tercera edición les traigo algo de otro mundo… ¿se
animan a seguir leyendo?
Era del año la estación florida
en que el mentido robador de Europa
(media luna las armas de su frente,
y el Sol todos los rayos de su pelo),
luciente honor del cielo,
en campos de zafiro pace estrellas,
cuando el que ministrar podía la copa
a Júpiter mejor que el garzón de Ida,
náufrago y desdeñado, sobre ausente,
lagrimosas de amor dulces querellas
da al mar, que condolido,
fue a las ondas, fue al viento
el mísero gemido,
segundo de Arïón dulce instrumento. (vv. 1-14)
en que el mentido robador de Europa
(media luna las armas de su frente,
y el Sol todos los rayos de su pelo),
luciente honor del cielo,
en campos de zafiro pace estrellas,
cuando el que ministrar podía la copa
a Júpiter mejor que el garzón de Ida,
náufrago y desdeñado, sobre ausente,
lagrimosas de amor dulces querellas
da al mar, que condolido,
fue a las ondas, fue al viento
el mísero gemido,
segundo de Arïón dulce instrumento. (vv. 1-14)
[pueden seguir leyendo aquí]
No hay nada como ese momento en el que
lees o escuchas las Soledades por
primera vez y no entiendes nada, es un instante único e irrepetible (bueno,
quizá no sea tan cierto, pasan varias releídas para que entiendas algo). Los
versos que les traigo en esta ocasión son con los que inicia la primera Soledad, la cual presenta a un peregrino
aquejado por los desdenes de su amada que naufraga en un lugar apartado donde
podrá dejar atrás su mal de amores; en este sitio alejado de la vida urbana,
asistirá a los placeres de la naturaleza y a la rutina de la gente rústica. El
poema muestra el tópico de “desprecio de la corte, alabanza de la aldea”.
Góngora tenía planeado escribir cuatro soledades, pero sólo escribió dos, de
las cuales la segunda está incompleta.
